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¿Es Cristo tú paz en la tormenta?

16 sept
3 min de lectura

José Ortiz
José Ortiz

MARCOS 4:35-41 “35Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba". (RVR1960)


No permitas que el silencio de Dios te haga pensar que él te abandonó. No permitas que tus circunstancias destruyan tu confianza. Jesús puede calmar la tormenta. Pero mientras esperas que la calme, Él también puede darte paz en medio de ella.


En algún momento atravesamos tormentas. No solamente tormentas externas, sino también internas: preocupaciones, problemas familiares, dificultades económicas, enfermedad, soledad, incertidumbre o momentos en los que nuestra fe parece debilitarse. Los discípulos también atravesaron una tormenta mientras estaban obedeciendo a Jesús. Jesús les dijo: «“Pasemos al otro lado.” Marcos 4:35» Ellos entraron en la barca con Jesús, pero durante el viaje apareció una gran tempestad.


Esto nos enseña algo importante: Estar con Cristo no significa vivir sin tormentas. Significa no enfrentar las tormentas solos. Por eso hoy quiero que nos hagamos una pregunta: ¿ES CRISTO REALMENTE NUESTRA PAZ EN MEDIO DE LA TORMENTA?


LA TORMENTA PUEDE LLEGAR AUNQUE ESTEMOS CON JESÚS Los discípulos no estaban fuera de la voluntad de Dios. Estaban precisamente donde Jesús les había dicho que estuvieran. Sin embargo, llegó la tormenta. Esto nos recuerda que ser cristianos no significa que nunca tendremos dificultades. Jesús dijo: «“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33» Aplicación: Si hoy estás atravesando una dificultad, no pienses inmediatamente: “Dios me abandonó.” La tormenta no significa que Dios se fue. Jesús seguía dentro de la barca.


JESÚS ESTÁ PRESENTE AUNQUE PAREZCA QUE GUARDA SILENCIO Marcos 4:38 dice que Jesús estaba durmiendo mientras la tormenta golpeaba la barca. Los discípulos tuvieron miedo y lo despertaron diciendo: «“Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”» Ellos interpretaron el silencio de Jesús como falta de interés. Nosotros podemos hacer lo mismo. A veces oramos y no vemos respuesta. Clamamos y parece que Dios permanece en silencio. Entonces pensamos: “Señor, ¿no te importa lo que estoy viviendo?” Pero Jesús estaba allí. El silencio de Dios no significa ausencia de Dios. Aunque no veamos lo que Él está haciendo, podemos confiar en que sigue presente. Aplicación: Quizás hoy no necesitas una explicación de todo lo que estás viviendo. Quizás necesitas recordar una verdad sencilla: Cristo sigue contigo.


JESÚS QUIERE CALMAR TAMBIÉN LA TORMENTA DEL CORAZÓN Jesús se levantó y reprendió al viento: «“¡Calla! ¡Enmudece!” Marcos 4:39» Y el viento cesó. Pero después Jesús hizo una pregunta a sus discípulos: «“¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” Marcos 4:40» Jesús no solamente quería calmar el mar. También quería enseñarles a confiar. Porque podemos tener una tormenta afuera y otra dentro de nosotros. La tormenta externa puede ser: - problemas económicos; - enfermedad; - conflictos familiares; - dificultades laborales; - pérdidas; - incertidumbre. Pero la tormenta interna puede ser: - miedo; - ansiedad; - desesperación; - dudas; - falta de confianza. Jesús no solamente quiere cambiar nuestras circunstancias; quiere transformar nuestro corazón mientras atravesamos las circunstancias.


Tal vez estás cansado de luchar. Tal vez has orado muchas veces. Tal vez estás esperando una respuesta de Dios. Quiero recordarte algo: JESÚS SIGUE EN LA BARCA. No permitas que el tamaño de la tormenta te haga olvidar el tamaño de tu Dios.


Él también puede darte paz en medio de ella. Por eso, nuestra declaración hoy debe ser: “Señor, aunque no entienda lo que estoy viviendo, seguiré confiando en ti.” “Aunque el viento sople, tú sigues conmigo.” “Aunque las aguas se agiten, mi esperanza está en Cristo.” Y recordemos: LA TORMENTA NO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA. CRISTO LA TIENE. Amén…




 
 
 

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